A Leylah Fernández le encanta la guatita

A LEYLAH FERNANDEZ LE ENCANTA LA GUATITA

Leylah Fernández tenía apenas seis años cuando le notificaron, después de un año de trabajo, que ya no sería tenida en cuenta en el programa de desarrollo patrocinado por la provincia de Quebec en su Canadá natal.

Para su papá Jorge, un ex futbolista ecuatoriano que se había mudado a los cuatro años al país y que había jugado en la liga semiprofesional de fútbol como delantero, la noticia era un alivio: “Me puso contento porque pensé en que íbamos a poder hacer cosas normales durante el fin de semana, pero eso le dolió mucho a mi hija.

Nunca la había visto con tanto dolor. Era una niña, conversamos y ella me dijo que era lo que quería hacer y que le dolía mucho. Entonces, como padre, le hice la promesa de que yo la iba a ayudar, que no se preocupara, que iba a entrenar con ella y que le íbamos a ganar a todas, como cualquier padre que tiene que decirle eso a su hija.

Sinceramente, pensé que iba a durar uno o dos años máximo, y que como muchos niños iba a abandonar. Pero nunca lo hizo”, recuerda su padre y entrenador desde Boynton Beach en diálogo con Infobae.

Y Leylah nunca abandonó: con 19 años recién cumplidos es la gran sensación del US Open que la tendrá como protagonista de la final tras deshacerse de la número dos del mundo Aryna Sabalenka en el Grand Slam estadounidense.

La travesía de Fernández en Flushing Meadows sabe de hazañas después de haber eliminado en forma consecutiva a Naomi Osaka (ex número uno, tercera del ránking y campeona del US Open en 2018 y 2020), Angelique Kerber (ex número uno y campeona en 2016) y la quinta raqueta del circuito Elina Svitolina.

Número uno del mundo y campeona de Roland Garros junior en 2019, su relación con el tenis fue una casualidad. Leylah quería ser futbolista como su papá en un país que tiene un poderoso desarrollo de la rama femenina: su selección se consagró como campeona olímpica en Tokio 2020 tras dejar en el camino a potencias como Brasil, Estados Unidos y Suecia. “No quise que mi hija jugara al fútbol. Quería que verdaderamente le naciera la pasión por el deporte, que fuera una pasión de ella y no condicionarla porque su papá había jugado. Ahí fue la introducción al tenis, por suerte y de una manera inocente. Y ahí empezó una historia increíble”, recuerda Jorge sobre los primeros pasos de Leylah.

Hasta el día en que Leylah fue desafectada del programa provincial, Jorge Fernández apenas había tenido dos acercamientos al tenis en su vida, siempre como una alternativa recreativa para divertirse con sus compañeros futbolistas. Ya retirado de la práctica profesional, Fernández había comenzado el curso de entrenador de fútbol que abandonó cuando le faltaban entre seis y ocho meses para recibirse y conseguir la licencia para dedicarse a tiempo completo a su hija.

Fueron las lágrimas de la joven Leylah las que lo llevaron a incursionar en el mundo del tenis, una aventura que encaró en modo autodidacta: “Después de hacer mi promesa, comencé a leer más, a ver videos, a estudiarlo. Tuve la suerte de poder estudiar el tenis de la misma manera que el fútbol. Me ayudó que ella era jovencita, y que pude comenzar desde el inicio. Fuimos trabajando con canchas más pequeñas, adaptadas. Los primeros años fueron un desastre, yo nunca había entrenado niños, había estado con hombres de 16 años para arriba. Así que tuve que adaptarme lo más posible a ella, y ella a mí. Fueron años difíciles. Yo quería que hiciera tenis de forma recreativa, no quería que lo hiciera en alto nivel”.

Pero Leylah, motivada por su pasión, tenía otros planes: “Llegaba de la escuela y quería ir al parque. ‘Pero papi, usted me prometió’ y ahí íbamos. La gente pensaba que yo era abusivo porque en las canchas de tenis, que se alquilan por hora, yo le decía que teníamos que irnos porque nos quedaban cinco minutos, pero ella insistía y me pedía tres peloteos más. Y ella se ponía a llorar, la gente entraba a la cancha y pensaba que yo le pedía que golpeara tres pelotas más, pero no era el caso, era difícil equilibrar su pasión para entrenar, golpear y divertirse, mantenerlo de una manera recreativa que era lo que yo quería”.

Jorge se dio rápidamente por vencido con la idea de que su hija mantuviera al tenis como una práctica amateur. Fue a los siete años, en el primer torneo que disputó y ganó, que se dio cuenta que Leylah era distinta: “Le vi algo diferente en los ojos. Le vi una concentración fatal, enorme, que ni siquiera veía en los chicos de veinte años que entrenaba en el fútbol. El timing estaba ahí, se movía muy bien, y ganaba, que ganar es difícil. Hay ciertas cosas que la gente con experiencia se da cuenta por la mirada, y ahí empecé a pensar que podía lograr sus sueños”.Su reacción al advertir que concretó su sueño: jugar la final del US Open. Fue tras vencer Sabalenka en tres sets (Mandatory Credit: Danielle Parhizkaran-USA TODAY Sports)Su reacción al advertir que concretó su sueño: jugar la final del US Open. Fue tras vencer Sabalenka en tres sets (Mandatory Credit: Danielle Parhizkaran-USA TODAY Sports)

Impulsada por sus ojos de tigre, a los doce años conquistó el torneo nacional canadiense Sub 16 y convenció a su papá transformado en entrenador de que tenía un futuro en el tenis como profesional: “De la manera en que lo ganó, no fue de tirarse para atrás, en esa final vimos el mismo juego que estamos viendo en el US Open. Fueron esos dos momentos, en donde le vi la tranquilidad y el fuego en los ojos, que vi que tenía un plus para llegar”.

Nacida en Montreal el 6 de septiembre de 2002, Leylah Annie Fernández es hija del ecuatoriano Jorge y de mamá Irene, canadiense de ascendencia filipina. Sus abuelos Óscar e Inés viven en Salinas, ciudad costera de Ecuador, adonde viaja cada vez que puede para visitar a sus afectos y comer sus dos platos favoritos: la guatitas -el plato nacional ecuatoriano- y la sopa de leche de su abuela. Su abuelo Óscar no resiste la emoción de ver a su nieta en su travesía neoyorquina, tal como confesó en una entrevista con el periodista Kenny Castro.

Leylah habla con fluidez francés, español e inglés y en su cuenta de Instagram tiene las banderas de Canadá, Ecuador y Filipinas. Su música favorita es de los setenta y de los ochenta, tanto en inglés como en castellano. Según Jorge, su juego está marcado por la influencia latina: “Sus dejadas, sus voleas, son parte de la sazón latina, los ingredientes latinos, la picardía, la sabiduría, de cómo maximizar el golpe para romperle el espíritu a la contraria, para cansar mentalmente al rival. Tiene unas manos increíbles, es ambidiestra, puede tirar un balón de fútbol americano de un lado al otro de la pista, con un efecto perfecto. Son manos que solamente Dios le ha podido dar, uno no puede desarrollar eso”.

Fernández cautivó al mundo del tenis durante el US Open con su estilo eminentemente ofensivo, con la alegría que transmite su juego y con una resiliencia basada en su confianza que le permitió escaparse de situaciones complejas sin sufrir la presión del contexto, tres características que mantienen una estricta relación con la formación forjada por su padre y el fútbol.

Leylah creció admirando la sonrisa de Ronaldinho y la magia de Lionel Messi, herencia directa de su papá: “Veía a los jugadores de tenis y veía angustia, cólera, niños nerviosos echándole la culpa a sus padres. Le dije desde el primer día: échanos la culpa alguna vez o háblanos algo negativo del tenis, y se terminó. Ahí le puse el ejemplo del fútbol: vamos a jugar con alegría, con amor, con pasión, nos encanta estar en la cancha, el sufrimiento, trabajar. Es algo que no veo en el tenis. Tomó el ejemplo de Ronaldinho, después de Lionel, con su estatura y estilo ofensivo, como desequilibra en momentos donde uno piensa que es imposible. Le dije: ‘¿Cuántas veces se voltean a echarle la culpa a la gente que está ahí?’. Nunca, entonces tú tienes que ser igual. Cuando fue creciendo le enseñé los mismos ejemplos pero me concentré en cuando los patean. ‘Mira cómo los patean, pero mira lo importante, cómo se levantan, la mirada en los ojos, como ahora van y siguen en la pelea. Eso la influenció mucho. No usé jugadores de tenis para desarrollar la parte competitiva”.

Leylah lo traduce en sus declaraciones cuando, después de la mejor victoria de su carrera -en este US Open cada triunfo merece ese rótulo- responde con una sonrisa ante los micrófonos de turno: “Simplemente salgo a la cancha y me divierto”. Kerber, una de sus víctimas, fue contundente: “No tiene nada para perder, no tiene presión. Está disfrutando su tenis. Creo que es el comienzo de una gran carrera. Salió a la cancha, tenía la mano suelta, le pegaba a la pelota, iba hacia adelante e hizo un buen trabajo. Es decir, no estaba temblando. Sirvió muy bien, especialmente en los últimos juegos. Si juega así todo el año, los próximos torneos, las próximas rondas, creo que tiene un gran futuro… Tiene mucha potencia en su derecha y va a por sus golpes ganadores. Creo que siempre está disfrutando de su tenis”.

La joven maravilla canadiense es pura confianza, según recopiló el sitio oficial del US Open: “He trabajado duro todos los días desde que empecé a jugar al tenis y desde el día en que me propuse ser profesional. Esperaba que un día mi juego de tenis iba a salir adelante y que iba a estar en el gran escenario frente a un gran público jugando contra grandes jugadores y también consiguiendo las victorias. No me sorprende nada de lo que está pasando ahora. Desde muy joven, sabía que era capaz de ganar a cualquiera, a cualquiera que estuviera delante de mí. Incluso practicando diferentes deportes, siempre fui así de competitiva, diciendo que iba a ganar contra ellos, que le voy a ganar contra mi padre en el fútbol, aunque eso sea imposible. Siempre he tenido esa creencia. Siempre he tratado de usar eso en cada partido”.

En cuanto a su particular estilo, Jorge la moldeó con Andre Agassi, Marcelo Ríos y Justine Henin como ejemplos: “Quise que Leila tenga un juego muy ofensivo, que está ahí para que trate de hacer posibles cosas que parecen imposibles. Cuando la veo jugar veo a Agassi, esos drives de Agassi, veo la creatividad de Federer, cómo se posiciona, cómo se mueve ligeramente en la cancha. Y tiene la ética, la ética de trabajo de Nadal, ella trabaja fuerte, suda como Nadal, esa determinación, perseverancia, que tal vez dice ‘no tengo la mejor técnica, pero no voy a parar de luchar’. Esas influencias han sido importantes para su desarrollo”.

Leylah destaca sobre la pista por su frescura y la alegría de su juego, incluso en los momentos más complejos y de mayor presión del partido. Jorge admite que trabajó con ella de una forma particular: “No me gustaba lo que le decían los entrenadores, que había que minimizar la presión y el estrés. Yo siempre les dije que la presión y el estrés son un privilegio, porque eso quiere decir que lo que están haciendo tiene valor. Es su mejor amigo. Si lo ve de manera positiva, puede lidiar con eso de manera positiva. Si crees que la derrota duele, le decía, no tienes idea de lo que pesa cargar a un país sobre tus hombros. Si no te gusta eso, esto no es para ti. He buscado programas para fortalecer la cabeza. Ahora vamos a tener que comenzar un programa sobre cómo lidiar con las expectativas y la tensión del público. Yo siempre le he dicho que es un privilegio, y que cuando empiece a perder, que todo el mundo pierde, lo vea como algo normal. Si se siente mal, no quiero que lo vea como algo negativo, que acepte que es normal y que eso nos empuje a trabajar más al otro día”. Esa es la primera de las dos reglas que rige en la casa Fernández: la segunda es dejar inmediatamente en el pasado el torneo que acaba de jugar, sea cual sea el resultado.

Finalista en el Abierto Mexicano de Acapulco en febrero de 2020, la irrupción del coronavirus puso en jaque su progresión y causó un impacto negativo en su juego del que le costó recuperarse. Para Jorge su campaña en suelo neoyorquino no es una sorpresa, sino una postergada realidad que la pandemia dilató: “Yo me esperaba esto el año pasado. Estaba jugando un tenis espectacular antes de la pandemia. Había hecho final en Acapulco. Con la pandemia le costó mucho encontrar ritmo, se le fue el saque, estar 14 días en cuarentena en Australia dañó mucho, nos costó un año de progreso, con su altura es difícil encontrar el saque otra vez. En este momento su tenis está en un 4 sobre 10, su estado mental 8/10 y su estilo de juego en 5/10”.

Ya de vuelta en el circuito tras la pausa forzada por el COVID-19, los resultados no eran los trazados por Leylah y su equipo de trabajo. Jorge, quien no suele viajar con ella a los torneos, tomó rápidamente una decisión para detectar el problema en el rendimiento de su hija: “En ese momento eran consistentes las derrotas y tomé la decisión de acompañarla a Roland Garros y Wimbledon, más como analista que como entrenador. Después de Wimbledon me di cuenta de que le faltaba físicamente para manejar la bola de potencia de las top 20 o top 30. Antes de Roland Garros pensé que le faltaba algo a su juego, estaba preocupado, pero no era eso: era todo físico”.

Descifrar el enigma le permitió mover piezas y rápidamente se contactó con el preparador físico cubano Duglas Cordero, quien tiene su propia academia en Miami y que ha entrenado a jugadores de renombre como Dominic Thiem y Fabio Fognini. Su contratación fue determinante para la renovada imagen que Leylah ofrece en este US Open: “Yo sabía lo que estaba pasando y le escribí a Duglas para reunirnos, porque le dije que necesitaba su programa. Sabía que había trabajado con Thiem y Fognini, y que estaba acostumbrado a trabajar con jugadores más pequeños. Enseguida hubo química y energía, nos dimos cuenta que es un entrenador de alto nivel y que tiene una personalidad única. Programamos para el US Open mantener la movilidad y darle más explosividad”.

El propio Cordero, quien alienta intensamente a Leylah desde su box en el US Open, detalló en una entrevista con Punto de Break el exitoso trabajo conjunto que ejecutaron en apenas dos meses: “Cuando evaluamos a Leylah vimos que era una jugadora muy explosiva, cuyo mayor problema era su resistencia intermitente y la recuperación, así como su eficiencia en los desplazamientos: esto es en lo que más ha mejorado. Desarrollamos un entrenamiento específico intermitente de alta intensidad donde la eficiencia iba siempre en función de la velocidad, creando nuevos ejercicios impulsores para que combine el entrenamiento outside con el entrenamiento en gimnasio y en la pista”.

La revelación del team de Del Potro: la videollamada con Leylah resultó un ritual en su brillante camino en el US OpenLa revelación del team de Del Potro: la videollamada con Leylah resultó un ritual en su brillante camino en el US Open

Los ajustes fueron exclusivamente referidos a su rutina de trabajo, aunque su padre y entrenador confiesa que pronto ajustarán también a otros niveles: “Fue la metodología de entrenamiento. La nutrición la vamos modificando de poco en poco. No me gusta cambiar su nutrición muy rápido porque todavía sigue siendo una niña. Uno la ve jugar de lejos y ve su juego maduro, que es muy complejo pero que lo hace ver muy simple, pero sigue siendo una niña, sale de la cancha y se le ve en la carita. Que coma lo que quiere comer, y si le da un cólico o se siente mal no lo comerá en la próxima ocasión. Ahora, entrando a otro nivel, seguramente comencemos con un programa nutritivo más acorde a la competición”.

Jorge Fernández, quien también entrena a su hija Bianca Jolie de 17 años, apuesta por darle autonomía a su hija y decidió no acompañar a Leylah al US Open. “Es difícil entrenar a una jugadora cuando está en la competición. En la cancha ella está sola y uno no puede entrar a ayudarla. Cuando me di cuenta que no podía ayudarla, me pregunté qué era más importante, si desarrollar su derecha o su independencia”, explica Jorge. “Yo siempre le puse en la cabeza a mi hija que mi meta es que sea independiente, que no dependa de nadie, ni siquiera de mí. Tiene que estar sola en el torneo, arreglárselas. Cuando estamos juntos, es un plus, porque somos una sociedad. Pero cuando está sola, tienes que tener una fortaleza increíble. Por eso no voy a todos los torneos, para que sea independiente, de mí o de cualquier entrenador. Ella sigue en desarrollo, creo que a los 21 años vamos a empezar a ver el mejor tenis de ella y que lo podamos ver por los próximos siete u ocho años”.

Con su papá a la distancia, Leylah está escribiendo su propia historia en el US Open como una integrante más de la promisoria legión canadiense que integran Bianca Andreescu -campeona en 2019-, Denis Shapovalov y Félix Auger-Aliassime. Después de cada juego, Jorge, Duglas y Leylah hablan por video llamada para preparar tácticamente el próximo desafío. ¿Cuál es la clave de su éxito? “No hay secretos”, responde su papá. “Tiene un estilo muy diferente. Es muy complicado preparar un partido contra ella. Me preguntaban cuál es la preparación que hace Leylah y yo les respondo que la que tiene que prepararse es el rival. Nosotros vamos a golpear los ángulos, vamos a hacer nuestras dejadas, a correr, a usar nuestra velocidad, a ahogarla con nuestro juego ofensivo y usar su potencia contra las rivales. El hecho de que Leylah sea zurda, y que juega el ángulo a la antigua porque hoy muchas zurdas juegan como diestras, hace que ella abra la pista de una manera fatal para la contraria. Falta madurez, perfeccionar patrones de juego bajo presión, pero tiene los ingredientes en este momento”.

Campeona de Monterrey sin perder un solo set en su camino al único título de su carrera, protagonizará una histórica final entre dos adolescentes cuando se enfrente a la británica Emma Raducanu, quien recién cumplirá 19 años el próximo 13 de noviembre y destronó a la propia Fernández como la más joven en alcanzar una final de Grand Slam desde que Maria Sharapova lo lograra con apenas 17 años en 2004.

Pero Leylah, que ha demostrado un temple y un carácter notable para superar situaciones límite ante las mejores jugadoras del circuito, difícilmente pueda saciar su sed de gloria con un triunfo en la definición del sábado según su papá Jorge: “Ella es muy exigente, ella quiere ser número uno del mundo. Nunca para de progresar y trabaja para seguir progresando. Esa mentalidad es la que la puede llevar a ganar varios Grand Slams y conseguir su objetivo”.

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